Voluntariado en Nápoles: Aprendizajes de vivir en una ciudad caótica

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Luego de haber estado un mes en un pueblo pequeño de la Toscana era inevitable sentir el “choque cultural” al llegar a la tercera ciudad más poblada de Italia. A través de la ventana del bus podía ver el largo tráfico que me recibía. “¡Bienvenido a Nápoles!” sonreí medio feliz y medio preocupado.

Veía las motos pasar entre los carros. Unos cargaban con familias enteras, otros hablaban por celular y los más folclóricos agarraban la moto con una sola mano mientras que con la otra sostenían el cigarro que se llevaban a la boca una y otra vez.

Los pitos venían de lado a lado. “¿Dónde carajos me metí?” pensaba mientras que miraba boquiabierto los edificios arruinados y sin pintar.

Si antes les recomendé la Toscana para relajarse por un tiempo, Nápoles es para los que quieran un poco más de acción y adrenalina… advertencia: no acta para cardíacos.

Tratando de describir lo particular

Desde que llegué a Nápoles fue como si mis sentidos se hubieran agudizado, estaba expuesto al máximo nivel de sonidos, olores y contactos.

Caminar en las calles angostas entre los barrios napolitanos era extasiarse con la fragancia del jabón que salía de las prendas recién lavadas y colgadas en los balcones. Era toparse al medio día con los aromas que se escapaban de las cocinas y deleitarse con los olores de los tantos quesos y tipos de carnes en las tiendas locales.

El andar entre sus calles era también lidiar con una explosión de ruidos: los gritos de la gente, los pitos y los motores de los vehículos. Los taladros y martilleos de las tantas zonas de construcción y los pasos acelerados de los transeúntes.

Recorrer esta ciudad era tropezarse  con mujeres increíblemente bellas y recibir ayuda desinteresada de los locales. Era ser abordado con una sonrisa e invitado a una conversación porque sí.

Deambular por sus calles era también luchar por evitar la peste que emana de las basuras, el humo del cigarrillo que muchos exhalan y la nube de polución generada por las máquinas de dos y cuatro ruedas.

Transitar sus vías para escapar del caos y refugiarse en bibliotecas de más de diez siglos de antigüedad. Para llegar a la Rotonda Díaz en Chiaia y echarse en una enorme roca a descansar. Leer un libro en la costa y bañarse en el azul del mar.

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Las calles de la ciudad: colores, olores y mezclas de sensaciones
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Chiaia, a 30 mins del hostal que asistí

Más información previa

Es normal querer visitar lugares por ninguna razón en particular. Lugares que nos imaginamos adecuados simplemente por los olores, colores y sabores a los que inconscientemente asociamos.

Nápoles era uno de esos lugares. A pesar de que no había leído nada sobre la ciudad, la asociaba con pizza, mar y gente cálida, tres cosas que me hacen feliz. Además, la imaginaba mucho como Sorrento, un pueblo pequeño cercano que ya había visitado 6 años atrás.

Me encontré no solo con las cosas que me imaginaba pero también con el caos que me hizo sentir como el más “aborigen” perdido en la ciudad. Tenía a la ciudad tan idealizada que no me tomé el tiempo de cuestionar mis creencias y leer más al respecto. Mi aprendizaje: un poco más de información previa para prepararse mentalmente 😉

Entre gustos no hay disgustos

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La ciudad de la Pizza

La belleza está presente en todas las cosas y todo depende de perspectivas. Teniendo esto en mente, si un disfruta los movimientos de las grandes ciudades, Nápoles es una buena opción. Si por el contrario, se prefiere el contacto con la naturaleza, mejor ir a otro lado.

Lo digo no solo por mi experiencia si no por los comentarios de los huéspedes durante las 6 semanas que estuve allí. “Una ciudad con vida!”, “el caos tiene su encanto” o “es historia y tradición” me contaban algunos de los huéspedes. Por otro lado estaban los “No me gusto”, “de lo peor que he visto en Europa” o “Me voy mañana mismo”.

Al viajar no todo nos va a gustar porque no es tan fácil lidiar con las cosas a las que no estamos acostumbrados. Lo que podemos hacer es aceptar ese hecho y tratar de buscar algo que nos traiga agrado hasta el día antes de partir: las personas con las que nos rodeamos, lugares especiales y hasta platos de comida son un buen ejemplo.

Mis recomendados en Nápoles son (porque si se puede encontrar calma en la ciudad del caos):

  • Irse a relajar al Parque la Gaiola,
  • Llegar a las grandes rocas de la Rotonda Díaz para pegarse un chapuzón o leer un libro escuchando las olas del mar.
  • Visitar BRAU y La Biblioteca Nacional
  • Tomarse un café en la Piazza Dante

Y a las afueras de la ciudad no se debe dejar de visitar por nada del mundo:

  • El Volcán Vesuvio y las dos ciudades que destruyó (Pompeya y Herculano)
  • La costa Amalfitana: Sorrento, Amalfi y Positano
  • Islas: Capri y Procida
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Atardeceres que enamoran en Nápoles. Acá se respira paz, Chiaia
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Positano, a menos de 3 horas de Nápoles

El voluntariado

Durante las 6 semanas de mi estadía tuve la fortuna de asistir el hostal La Controra, ubicado en el centro de la ciudad. Y digo que ‘por fortuna’ por su gran jardín que le permite a cualquiera  olvidase del caos al otro lado de las paredes y por mi equipo de trabajo, con los que me gocé la experiencia.

Al igual que en el norte, aquí me ofrecieron acomodación, comidas y 50 euros a la semana para moverme por la ciudad. El día libre semanal me permitió viajar a las afueras y a pueblos cercanos. También tuve la oportunidad de conocer otros viajeros y disfrutar de un ambiente informal de trabajo.

Trabajé 6 días a la semana donde hice diferentes combinaciones (25-30h semanales) de las siguientes 5 tareas:

  • Facilitar los desayunos (7:30-10:30)
  • Cortar el pasto (10:30-11:00)
  • Tender las camas (11:00-13:30)
  • Preparar la cena para el happy hour en el bar (19:00-20:30)
  • Sacar la Basura (5-10 mins en la noche)
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Facilitando el desayuno 🙂

El voluntariado lo conseguí por WorkAway.info ( mira aquí la oferta en la plataforma) y mis tareas favoritas fueron los desayunos y las cenas porque podía interactuar con los huéspedes

Una experiencia que le recomiendo a todos los interesados en venir a esta ciudad, la mejor oportunidad para mezclarse con los locales, practicar el idioma y romper la rutina haciendo algo diferente. También recomendado a cualquier viajero por la relación valor-precio y el servicio del staff (calificado con más de 8,5 en Agoda.com).

Nota: una de las cosas más particulares del hostal es que solía ser un antiguo monasterio.

Próxima parada: Sarandë, Albania

“Gracias por tanto Nápoles pero tengo que continuar. Amor u odio son dos cosas en las que no te puedo calificar porque aprendí a apreciar la felicidad y frustración que generas. Dejémoslo en que no eres para mí. Me voy contento de haberte conocido y te deseo lo mejor. Adiós!”

Salgo en pocas horas para Albania. Acabar el programa por el que fui becado es necesario para mantener la residencia en Europa hasta Julio del 2017, y por tanto, para continuar con mi ruta. Encontré en Albania el destino perfecto por sus bajos precios y la hospitalidad de la gente.

Aparte de concentrarme en la tesis por las próximas semanas, será la primera vez que trataré autostop y confiaré en extraños para que me lleven a mi destino final. Es algo que todavía me da nervios de solo pensarlo pero que quiero intentar de todas formas.

No lo hago solo por el dinero que me ahorraré sino por la experiencia. Es uno de esas cosas que se me vienen a la cabeza, que siento que debo hacer alguna vez en la vida. A lo mejor me queda gustando y conozco gente interesante en el camino, y sino,  por lo menos lo sabré… como sea les contaré más adelante.

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Última noche con el equipo.

Gracias por la visita y feliz resto de semana!

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Para los que han estado en Nápoles, me gustaría saber que tal les pareció 🙂

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