Trabajar para viajar: el arte de emplearse, ahorrar y renunciar

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Renunciar tiene una connotación negativa. Suena como acobardarse y quedarse vago por el mundo. Pero así como se debe persistir y esforzar por ser mejor, también existen momentos cuando se debe saber tomar otro camino y decir “no más!”.

Renunciar no es más que cambio. Porque dejar y/o escoger otro trabajo, profesión y hasta pareja también es una opción.

Nos enseñan que tenemos cuidar lo que tenemos pero a veces nos tomamos eso a pecho cómo si no fuéramos capaces de obtener algo mejor.

… la verdad es que siempre se puede obtener algo mejor, viajar es una opción.

Hacer lo que nos toca vs “yo decidí estar aquí”

Empecemos por lo primero, para viajar se necesita dinero, menos de lo que creemos pero se necesita… Sí, es verdad, hay gente que viaja a dedo  y/o que trabaja mientras viajan pero lo hace porque ya conoce la movida, pues ha viajado mucho. Pero ellos también empezaron con un viaje y ese se lo tuvieron que pagar.

Por ese motivo tenemos que ver el trabajo como parte de nuestra aventura.

Cuando a los 17 me enfrenté al mundo laboral, entendí que la rivalidad en el colegio por ser el más galán, el más travieso y el mejor de la clase no se compara a la rivalidad que puede existir por dinero.

Empezar a trabajar vendiendo ropa deportiva en temporada navideña a esa edad, siendo estudiante de universidad privada y queriendo ahorrar un poco para viajar a otro continente sonaba injusto para mis compañeros de trabajo.

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Ellos casi me doblaban en edad y me decían que alguien como yo no necesitaba el dinero que ellos sí, pues tenían familias para mantener. No fue fácil. Lo cuento porque el mundo laboral está lleno de retos como la vida misma y los retos son lo que son porque nos hacen sudar, nos dificultan el camino.

Así, muchas veces empezamos a flaquear desde temprano cuando los obstáculos se presentan, vemos el trabajo como “lo peor”.

Es ahí cuando debemos recordar que estamos trabajando por una experiencia más significativa. Que fuimos nosotros los que escogimos estar ahí y que el trabajo está sirviendo nuestro interés y no al contrario.

Sin embrago, ese sentimiento de “mi trabajo es necesario” solo es posible cuando tenemos claro lo que vamos a hacer ‘después de’. Por eso, empezar a trabajar con la idea de emprender un viaje es la mejor forma de mantenernos motivados. Si por el contrario, la idea de viajar se asoma de repente, es importante colocarse una fecha de salida para poder enfrentar el trabajo con fe, concentración y determinación.

Suficiente

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“Lo que tienes es un problema con la autoridad” me dijo mi mamá cuando le conté que renunciaba a mi cargo como ejecutivo de mercadeo.

Era mi quinto trabajo formal (con contrato) en cinco años y había durado ocho meses, el máximo tiempo hasta ahora.

Trabajaba para irme, siempre fue así:

  • Vendedor de ropa deportiva (1 mes): ahorrar para viaje a Londres
  • Agencia de estudios en el exterior A (4 meses): ahorrar para viajar con mi novia coreana en Colombia
  • Agencia de estudios en el exterior B (7 meses): ahorros invertidos en viaje a Corea
  • Práctica en tabacalera(6 meses): ahorros invertidos en viaje a Suiza y Francia
  • Ejecutivo de mercadeo (8 meses)…

…Ya había ahorrado un dinero y sabía que tenía que irme una vez más. “hacer cualquier cosa” pensé, ya estaba cansado de trabajar para el peor jefe que había tenido.

Semanas atrás había aplicado a una beca en el exterior y a otros trabajos con multinacionales pero las respuestas no las recibiría sino hasta un mes después del día que decidí dejar mi trabajo.

El plan principal era ganarme la beca, en caso que no, podía conseguir un nuevo empleo con mejores condiciones y el plan C (en caso que ni lo uno ni lo otro) era viajar con lo que tenía a algún destino exótico donde me pudiera relajar por un tiempo y después mirar que hacer.

Aun sin tener las cosas claras renuncié porque confiaba que alguna de los tres planes resultaría.

Ser consecuente

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Así se tengan planes, hay muchas cosas que uno deja de pensar cuando tiene la cabeza caliente.

En mi caso era que debía esperar un mes hasta saber lo que me salía y mientras tanto ¿qué me iba a colocar a hacer? En los días que estaba empleado ayudaba con la compra de mercado en la casa y llevaba una vida de consumo como la de cualquier ejecutivo joven.

Pero ya no trabajaba y tenía dinero ahorrado que no debía gastar porque era lo que necesitaría para el plan C, en caso que ni beca ni trabajo surgieran.

La solución: volver a la universidad de la que me había graduado meses atrás a vender dulces. Lo importante era no quedarse de brazos cruzados. Buscaba entretenerme en el tiempo que tenía y obtener unos pesos para no ser era una carga en la casa y salir los fines de semana sin tocar los ahorros.

Ya lo había hecho en el pasado para viajes anteriores ¿por qué no lo iba a hacer de nuevo mientras que esperaba la respuesta?

Muchos de mis conocidos que no habían salido de la universidad me decían “¿Y usted no estaba ya graduado, que hace por acá?”. Les contaba la historia con optimismo esperando en el fondo del corazón de que todo saliese bien.

Los frutos del trabajo

Trabajo es trabajo y si uno lo sabe aprovechar siempre podrá llegar más lejos. No necesariamente en el mismo lugar que trabaja pero en otra parte.

Eso fue lo que recordé cuando en Noviembre, un mes y medio después de renunciar a mi trabajo, recibí la carta de aceptación de la beca a Dinamarca.

Con la venta de dulces en la universidad había dejado mis ahorros intactos, lo que me ayudó a comprar los tiquetes de avión y llevar el dinero inicial para las primeras semanas en el país nórdico mientras que recibía el dinero por parte del gobierno danés.

Miro al pasado para dar las gracias, darme cuenta que cada trabajo me ha acercado a mejores oportunidades y que fue así  porque supe decirles en su momento “no más!”, renuncié para avanzar.

Y ustedes ¿qué opinan de trabajar, ahorrar e irse por un tiempo?

Gracias por la visita!!

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