¿Viajar o ser un buen hijo?: Dejando a mis padres solos

no quiero dejar a mis padres solos

Muchas veces para hacer lo que queremos nos toca separarnos de nuestra familia por un tiempo. Dejar a los que más amamos y/o los que nos criaron.

Sin embargo, el hecho de salir de casa se ve frustrado, entre otras cosas, por el miedo de dejarlos y no poder invertir el suficiente tiempo con ellos antes de que mueran.

Se nos olvida que así como ellos, nosotros también nos vamos a morir algún día.

El miedo a la muerte

“No quiero que se mueran” les respondí a mis padres cuando cuestionaron mi berrinche en las horas de la madrugada. Debí haber tenido unos 8-10 años cuando irrumpí en su habitación llorando desconsoladamente.

Días o semanas atrás creo que había muerto mi abuela de parte de mamá o mi bisabuela de parte de papá. Lo que si recuerdo muy bien es que por eso no pude dormir aquella noche, me quedé pensando en la muerte de mis padres.

En ese momento entendí que su muerte inevitablemente pasará algún día contra mi voluntad.

Los abracé toda la noche con las fuerzas de mi alma. Todavía puedo recordar mi cabeza contra su pecho y el calor debajo de las sabanas. Sentía que no los había amado demasiado, o por lo menos no como se lo merecían.

Muchas veces es hasta que se mueren los que más queremos que nos damos cuenta que no pasamos el suficiente tiempo con ellos, que no fuimos  ‘tan’ buenos. Nos llenamos de tristeza y quedan latentes las posibilidades de que la culpa nos acompañe el resto de la vida.

¿Ser feliz o ser un “buen hijo”?

 

no quiero dejar a mis padres solos
Con mi familia en el aeropuerto. El día que me fui de Colombia por más de dos años y medio.

Cada uno tiene su propio plan de vida. Nuestros padres los de ellos y nosotros los de nosotros. Muy seguramente parte de nuestro propósito es ser buenos hijos, así como el de ellos es ser buenos padres. Pero nuestra vida va más allá.

Ser un buen hijo va más allá de “cuidar a nuestros viejos” y no es un antónimo de hacer lo que nos gusta o lo que nos hace feliz. El buen hijo es el que ama a sus padres y los deja vivir, así como los buenos padres hacen lo mismo por sus hijos.

En la mayoría de los casos,  padres e hijos tienen diferentes gustos, anhelos y expectativas. Es por esto que seguir nuestro plan de vida o pasión requiere que nos distanciemos de los que más amamos por un tiempo.

Por un lado está el tiempo que tenemos que tomar para autoconocernos y encontrar eso que queremos hacer. A algunos nos toca viajar a otra ciudad o país y tratar mil cosas antes de encontrar lo que en realidad queremos.

Luego, está el tiempo que tenemos que dedicar en el desarrollo de eso que encontramos y queremos hacer: nuestro(s) propósito(s).

El tiempo que estamos lejos de casa hace parte de nuestro crecimiento personal y el de nuestros padres.

Llega el momento de irnos y de volvernos independientes, nuestros padres también deben continuar. Ya no somos el centro de sus vidas.

Nos vamos a buscarnos a nosotros mismos, así como ellos lo hicieron un día y se encontraron cuando decidieron  traernos a este mundo.

Ahora, ellos deben reencontrarse una vez más porque el hijo que criaron tiene que partir.

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