No nos frustremos tratando de cambiar al mundo


Hace unas semanas conocí una trabajadora social en el hostal que asisto y me explicaba de su labor con los refugiados en Barcelona. Con admiración la felicité por su trabajo y le conté que su valentía no la tienen muchos… ni siquiera yo. Para mi sorpresa me respondió que no entendía a personas de mi “tipo” que “no hacen nada al respecto” y empezó a contarme lo frustrada que se siente de no poder cambiar las cosas.

Así como ella, muchos de los que tratamos de cambiar el mundo cuestionamos las acciones de los demás y esperamos que reaccionen de la misma forma que nosotros ante los problemas… que se unan a los movimientos en los que participamos porque “es lo correcto”.

“Que no coman carne, que no fumen, que protesten, que monten bici, que viajen”!… Y está bien porque nos importa nuestra causa y buscamos mejorar nuestras realidades. Pero a veces sin darnos cuenta, al creer que lo que defendemos es lo más importante para todos empezamos a desarrollar una visión trágica del entorno.

“Son unos indiferentes, egoístas y cobardes” pensamos o “El sistema es una mierda”, “para que voto si nada va a cambiar” y “¡siempre la misma vaina!” decimos.

Como consecuencia, empezamos a tener una actitud negativa hacia lo que hacemos, dejamos de vernos como actores importantes y perdemos la confianza en nuestra capacidad transformativa.

Nos vemos insignificantes  ante el mundo, “ya no hay esperanza”. Lo paradójico, sin embargo, es que buscamos mejorar las cosas. ¿Pero cómo si “el mundo está en nuestra contra”?.

Optimismo: creer, actuar y crear GRANDES cosas

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“Belleza y gracia están presentes independientemente de que las sintamos o no, lo mínimo que podemos hacer es tratar de estar allí” Annie Dillard

Deberíamos seguir con nuestros ideales/labores como cuando empezamos el primer día. Cuando nos sentíamos importantes y veíamos como mejorábamos nosotros y nuestros alrededores. ¿Cuándo todo se volvió “una mierda”?

Recuperemos el optimismo y dejemos la visión trágica a un lado. En nuestras igualdades somos diferentes y cada uno es más sensible a ciertos problemas por las experiencias específicas que hemos vivido. Entendiendo esto, dejamos de esperar que las demás personas actúen y piensen como nosotros.

Ellos no han vivido lo que yo y su causa es igual de importante a la mía. Ser conscientes de nuestro importante rol dentro de la sociedad nos hace darnos cuenta del de los demás.

Dejar de tener una visión trágica también significa sentirnos orgullosos de la labor por la que luchamos  y con optimismo continuar cambiando nuestra realidad. Dejar de preocuparnos y quejarnos de las cosas que no podemos cambiar para empezar a concentrarnos en lo que podemos controlar: nuestras acciones.

Optimismo no es ingenuidad o tener una visión irrealista del mundo, es ser consciente de que cada cosa que hacemos tiene un impacto en nuestros alrededores. Motivarnos desde adentro porque lo que hacemos sí importa!

Optimismo no es conformismo. Pensar en lo que podemos controlar no significa que nos coloquemos limites, significa que nos concentramos en lo que hacemos mejor y que buscamos superarnos constantemente.

Optimismo no es indiferencia, es entender que como pensamos determina como actuamos y que como actuamos determina como otros reaccionan hacia nosotros. Entonces, si queremos que nuestra causa llegue lejos y que la soporte otra gente, dejemos la visión trágica y pensemos que somos importantes, que podemos cambiar nuestros alrededores… que podemos crear grandes cosas.

No nos frustremos tratando de cambiar el mundo porque frustramos a los demás, frustramos nuestro ideal y dejamos de hacer el mundo un mejor lugar.

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Acerca de David

Asesoro a personas a viajar becadas y a tener experiencias internacionales. Lo hago mientras que escribo sobre los viajes, la vida y las oportunidades que están ahí afuera.


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