Concentración: sobreviviendo la nueva era tecnológica

no me puedo concentrar

Hoy en día estamos expuestos a tanta información que mantener la atención es para la mayoría un gran reto. Consiente e inconscientemente tenemos la mente en mil lugares al mismo tiempo y por ello muy pocas veces sabemos si queremos lo que tenemos o estamos haciendo.

Nos levantamos un día y decimos “¿cómo carajos terminé aquí?”.

Aplazamos, nos olvidamos y descontinuamos lo que deberíamos estar haciendo.

Las publicaciones en Facebook, los likes en Instagram, los correos, la publicidad y otro sin número de distracciones.

Vivimos en la mejor época de todas. Dios mío gracias por la tecnología!!… pero haznos más fuertes por favor y no nos dejes caer en la distracción.

En lugar de eliminarlas y aislarme por completo, soy de los que prefiere seguir aprovechando de las ventajas  de las redes sociales mientras que trato de mantener el balance de su uso. Y digo ‘trato’ porque a veces me desaparezco y otras veces me quedo horas ahí metido.

De lo que sí me he dado cuenta es que:

  • El uso excesivo de las redes sociales baja mi estado de ánimo, seguramente porque prefiero la interacción “cara a cara” y/o porque me distraigo y olvido lo que es importante para mí.
  • No tengo que contestar inmediatamente cada mensaje, hay muchas cosas que pueden esperar.

De hecho, de lo mejor que he podido hacer es eliminar las notificaciones de mi computador y mi celular. Ya nada de pop-ups, sonidos y vibraciones con cada actualización en la red.

  • Se trata de priorizar: las cosas a su debido tiempo.

Lo aburrida que nuestra vida parece

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Revisando Facebook luego de un viaje en moto en Ninh Binh, Vietnam

Lo difícil de mantener un balance con las redes sociales es que nos mantienen en contacto con personas que queremos. Hay momentos en que nos entra la curiosidad por saber cómo están o nos pasa al revés y son ellos los que nos saludan después de tanto tiempo y perdemos el hilo.

Otras veces es simplemente mirar el newsfeed en busca de entretenimiento.

Cualquiera que sea el caso, más allá de la distracción que esto genera, el riesgo que corremos cuando nos consumimos en las redes es el cuestionamiento negativo que puede resultar en auto sabotaje. 

“¿Qué carajos estoy haciendo con mi vida? Los demás pasándola bueno y yo disque sentado en estas cuatro paredes desgastando mi vida” pensamos.

Si bien soy yo el que ahora está viajando y el que postea fotos de vez en cuando, antes era el espectador que veía a mis amigos viajando y haciendo cosas “asombrosas”.

Pero todo es superficial y eso es lo se nos olvida cuando abrimos Facebook o Instagram. Se nos olvida que la gente no está constantemente lanzándose de un avión, casándose con el amor de sus vidas o viendo lugares paradisiacos.

Y si lo están, lo que no alcanzamos a ver es el sacrificio que les ha tocado hacer para estar ahí y las dificultades que su posición implica. Porque todos tenemos problemas.

Para y respira

NO ME PUEDO CONCENTRAR
Flotando en Cat Ba /Ha Long Bay, Vietnam

Podemos vernos confundidos con todo el mundo opinando, contándonos de sus vidas y dándonos consejos que no pedimos.

“Todos se están casando”, “Uy pepito entró a trabajar con X empresa, seguro que no tiene problemas de dinero”, “Pero fulanito sí que se la pasa viajando, a ver si empiezo a salir de mi zona de confort”, “Que buena fiesta, como que me estoy volviendo viejo” y etc.

Hey para, para, para!

¿Qué es importante para ti? ¿No que querías empezar a tocar ese nuevo instrumento? ¿Vas a dejar de pintar y hacer lo que te gusta? ¿Se te ha olvidado lo mucho que te encanta tu rutina y lo seguro que te hace sentir?

Y no estoy diciendo que lo dejes de tratar. Tú sabes que me encantan los cambios pero no te vas  a colocar a hacer algo que te aleje de lo que en realidad quieres.

“¿Y eso es?”…. exacto! Empecemos por ahí.

Queremos ser alguien más sin ni siquiera conocernos.

Es por la misma razón que nos dejamos influenciar por lo que vemos y escuchamos. Tenemos bajo nivel de discernimiento, nos gana el impulso y las emociones del momento.

Parece como si nos tomaramos muy a pecho esa frase de “sólo vives una vez” porque no queremos perdernos de nada y aún con cada decisión que tomamos nos sentimos insatisfechos.

Al parecer, y según la teoría de la paradoja de escoger, este tipo de insatisfacción ocurre  porque pensamos en los valores de las demás alternativas a los que tenemos que renunciar para hacer lo que decidimos. En otras palabras, porque pensamos en lo pudimos haber hecho o haber sido si hubiéramos hecho lo otro que no decidimos hacer.

Conozcámonos un poquito más

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En el techo del bote que nos trajó a la casa flotante en Ha Long Bay

Con los avances tecnológicos estamos constantemente bombardeados a mensajes que muchas veces pueden bajar nuestro autoestima y nos hacen ver lo malo en nuestras vidas, lo que no tenemos, lo que no somos y lo que no hacemos.

Y aunque esos mensajes nos motivan y nos pueden incentivar a hacer cosas asombrosas, generalmente desarrollan un afán constante por ser o tener. Ambición infinita que termina haciéndonos sentir insatisfechos con cualquier cosa que alcanzamos.

Por ello es importante el autoconocimiento, pues nos ayuda a entender lo que es importante para nosotros y a enfocarnos en tiempos donde la atención es el recurso más valioso que tenemos.

Pero conocernos requiere de esfuerzo. Aun cuando creemos haber empezado a saber más de nosotros mismos, resulta que cambiamos sin darnos cuenta y nos toca volver a internalizar nuestra identidad.

Personalmente recomiendo la meditación, espacios de soledad y la escritura. No porque sepa lo que realmente soy y quiero, sino porque me ayuda continuamente a redescubrirme.

 

Dos tipos de insatisfacción: lo que importa y lo que no

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La noche en la casa flotante

 

Por otro lado, la invitación a conocernos mejor no se trata de evitar la insatisfacción pues ésta es un detonante de cambio y mejora. Sin ella no conoceríamos la satisfacción y realización personal.

De lo que en realidad se trata es de escoger por qué preocuparnos, es decir las fuentes de insatisfacción. A la larga son éstas las metas que nos proponemos y que durante el proceso de cumplimiento nos llenan.

De esta forma, podemos empezar a distinguir dos tipos de insatisfacción. La insatisfacción que sentimos cuando NO nos conocemos a nosotros mismos y la que sentimos cuando si lo hacemos.

A la primera me referiré como insatisfacción vacía”. Esa que sentimos por no tener el Smartphone del momento, porque fulanito no aceptó nuestra invitación de amistad en Facebook o porque no tenemos el carro que nuestro vecino acaba de comprar.

Este es el tipo de insatisfacción que ocurre cuando nos preocupamos por pequeñeces porque no tenemos algo mejor en que colocar nuestra cabeza.

Por otro lado, tenemos la “insatisfacción propia” que es producto de un mayor entendimiento de nuestros valores y objetivos, y la que sentimos cada vez que los vemos amenazados o vulnerados.

Por ejemplo la ansiedad del examen final que decidirá nuestra graduación o el enojo de llegar a una entrevista de trabajo etc.

No considero que lleguemos a conocernos al 100% y por ende cada uno de nosotros seguirá teniendo insatisfacciones vacías ¿y sabes qué? está bien!! Al final, la distinción de tipos de insatisfacción se trata meramente de entender que nos estamos preocupando por cosas que no merecen la atención y poder así cambiar el foco y seguir adelante con lo que sí importa.

Bueno, si todavía sigues conmigo y no te he confundido (o aburrido) con estos conceptos sigamos a la parte interesante, a lo que dice la ciencia y a lo que podemos empezar a practicar.

La raíz de nuestros problemas y algunos ejercicios prácticos

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El último rayo de sol

Según la terapia de aceptación y compromiso (ACT en inglés) nuestros problemas provienen de:

  • La fusión de nuestros pensamientos (la mente que piensa y la mente que observa)
  • La evaluación de las experiencias que tenemos (calificarlas como buenas o malas)
  • El rechazo de nuestras experiencias vividas
  • La auto-justificación de nuestro comportamiento

Sabes que soy partidario de la idea de que nosotros somos responsables por la forma en que respondemos e interpretamos lo que nos pasa. Por tanto coincido con las alternativas propuestas por ACT para tratar con nuestras experiencias (buenas y malas):

  • Aceptar nuestras reacciones y estar presentes
  • Escoger una dirección evaluada previamente
  • Tomar acción

De las alternativas mencionadas anteriormente, encuentro la primera como la más difícil de llevar a cabo. Sin embargo, es una habilidad que podemos cultivar y entrenar (o por lo menos eso es lo que he leído y quiero intentar).

Si también te interesa, te recomiendo leer este artículo de Mark Manson en el que describe unos ejercicios para empezar a tomar mayor control de nuestro comportamiento a pesar de nuestras emociones y pensamientos.

En el artículo Mark también describe los conceptos de las dos mentes de una forma fácil y entretenida de entender.

Los ejercicios que recomienda son:

  1. Usar el lenguaje correcto para desidintificarse con la emoción y el pensamiento: Pasar de decir “Estoy ansioso” a “Estoy sintiendo ansias”; de “Estoy solo y deprimido” a “Estoy sintiendo soledad y depresión”.
  2. Agradecer a nuestra “mente pensante” por las emociones y pensamientos negativos. Empezar a pensar o decir cosas como “gracias mente por enfadarte con mi jefe porque te importo”.
  3. Tomar el pensamiento negativo y visualizarlo o hacerlo sonar completamente ridículo en la mente. Tomar el tiempo para jugar con él y tratar de reír. (Esta es sin lugar a dudas la medida de la que estoy más escéptico pero igualmente trataré de utilizar a ver que).

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¿Y tú que tanto te conoces?

Fotos: Reciente viaje a Ha Long Bay, Vietnam.

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