¿Qué tienen que ver las metas, el amor por el proceso y la crisis existencial?

crisis existencial

Hace un año estaba con uno de mis mejores amigos en Tailandia y hacer una reflexión de fin de año no me pasaba por la cabeza, ni mucho menos planear objetivos para el año siguiente.

Nosotros lo que estábamos era recorriendo Koh Samui en una moto, comiendo ‘pad thai’ y enfiestados en la full-moon party.

Si al caso, lo más parecido a una reflexión fue cuando salí corriendo al mar para calmar el dolor de las quemadas que me había hecho al saltar un aro en llamas la mañana del 1 de Enero.  Pegué el desmadre que cualquiera pegaría por echarse sal en una herida y miré al horizonte.

El año me recibía con el amanecer más espectacular que había visto (no he visto muchos). “Gracias!!!” Sonreí.

 

“David y a mí que me importa como pasó año nuevo si ahora está solo en Grecia aguantando frio?”

Calma, calma!! Quería colocar un poco de suspenso para presentarte el tema de la semana: metas!!

Tanto que se habla de las metas, de tener objetivos y alcanzarlos y de crecer y bla bla bla… sí pero no.

 ¿Por qué colocarnos metas?

“Ningún camino será bueno si no sabes para dónde vas” Séneca (interpretado)

Hay una discusión permanente acerca de a qué debemos atribuirle mayor importancia, de si a los resultados o a el proceso. Y lo que pienso es que el proceso hay que disfrutarlo sin olvidarnos de la verdadera razón por lo cual hacemos lo que hacemos.

Saber que queremos viajar a x país, conseguir x empleo o destacarnos en x habilidad será la base para que celebremos los triunfos del camino y afrontemos los desafíos que inevitablemente llegarán.

Tener metas es tener un propósito, y levantarse cada día para alcanzarlos es lo que nos mantiene mentalmente sanos.

Nosotros cambiamos constantemente y por ende también cambian nuestros anhelos. De esta forma, es recomendable revisar continuamente hacia donde nos dirigimos para así evitar decir “¿cómo mierda llegué aquí?”.

Es por eso que el establecimiento de metas tiene mucho que ver con autoconocimiento y con una de las preguntas existenciales más difíciles pero increíblemente liberadoras “¿qué quiero para mi vida?”.

La falta de metas y la crisis existencial

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Tarde de amigos, musica y BBQ en el colectivo. Roskilde, Dinamarca

La última vez que me tracé metas formalmente (por escrito), y quizás la única vez que lo he hecho, fue hace más de 5 años en los inicios del 2011.

Como parte de un trabajo para la universidad en una clase llamada ‘Liderazgo, Aprendizaje y Cambio’, el profesor nos había solicitado responder 7 preguntas en forma de reflexiones sobre la vida.

Desde el significado que le dábamos al éxito, nuestros ideales y otras preguntas de autoconocimiento, hasta las metas que teníamos para cada uno de los próximos 10 años.

Ese mismo trabajo lo encontré en mi disco duro a principios de este año 2016 cuando afrontaba un punto de inflexión en mi vida. A mis 24 años me encontraba cuestionando el sentido de mi existencia o lo que es comúnmente conocido como la crisis existencial.

Empecé a buscar en mis archivos por señales y buenos momentos que me ayudarán a entender por lo que estaba pasando y me guiaran a tomar una decisión de lo que haría consecuentemente.

Al leer el trabajo de 5 años atrás, me desconcertaron inmediatamente tres cosas.

Primero, me di cuenta que había cumplido las metas propuestas para los años 2012, 2014 y 2015, las cuales respectivamente fueron:

Había cumplido cada meta en el mismo periodo de tiempo que me había propuesto sin nunca hacer un seguimiento a  ese plan!!.

Leer y darme cuenta de eso me llenó de mucho ánimo. Estaba afrontando un momento difícil en el que sentía que no era bueno para nada pero estaba equivocado.

Segundo, pude darme cuenta lo mucho que había cambiado, pues ya no quería hacer algunas de las metas que me había escrito en el trabajo.  Para el 2016 debía “comprar una casa en el país en el que estuviera” y para el 2018 la idea era literalmente “casarme” (era un joven enamorado).

Para hacer posible estas metas escribí cosas como “Tener un trabajo bien remunerado” para el 2016 y “Trabajar para una multinacional que me dé la oportunidad de viajar alrededor del mundo” para el 2017.

Tercero, encontré metas que todavía representan mis valores y mis ganas de salir adelante pero que de alguna forma había olvidado en eso de la crisis existencial.

“2017 – Para este año habré visitado países como Inglaterra, Australia, Japón, Alemania, Suecia, entre otros.”

“2019 – Vivir de lo que a mí me gusta: El turismo, el mercadeo;  aprender y enseñar a las personas de negocios y de relaciones organizacionales.”

“2020 – Aportar algo a mi país y llegar a ser reconocido por mi conciencia social y ambiental.  Ayudar a Colombia a ser un país visto como más que mujeres bonitas y drogas.”

“2021 – Tener buena salud”

Aunque ahora no las idealizo exactamente como las había escrito y tampoco en el mismo periodo de tiempo, puedo decir que libertad (viajar), independencia, aprendizaje, transmisión de conocimiento y contribución a algo mayor que mí mismo son pilares de lo que quiero para mi vida.

Al terminar de leer el documento de 7 páginas, estos tres puntos me mostraron la importancia del establecimiento de objetivos: darnos un propósito, servir como un espejo de autoconocimiento y darnos una bofetadita para cuando nos desviemos por lo que no es importante.

¿Qué problemas tratas de resolver?

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Atardecer Nápoles, Italia.

“Dolor y perdida son inevitables” Buda.

Mientras leía el trabajo que había hecho para la universidad 5 años atrás, pude recordar la antigua versión de mí mismo que planeaba trabajar para multinacionales y convertirse en un ejecutivo exitoso.

Un antiguo ‘yo’ que no tenía en cuenta los esfuerzos que sus deseos requerían: El estrés, las largas horas laborales, trabajar para alguien, los códigos de vestimenta, las políticas, los procedimientos y la burocracia.

Era muy fácil imaginarme liderando personas, con una carrera exitosa y responsabilidades de impacto pero otra cosa era imaginarme los esfuerzos y dificultades que encontraría en el camino.

Pude darme cuenta que mi desmotivación en cada uno de los trabajos que tuve era el resultado de tener una percepción alejada de la realidad. Querer el premio pero no el sacrificio. Y la vida no funciona de esa manera.

Si nos colocamos la meta de tener un sixpack, tenemos que estar dispuestos a pasar horas haciendo ejercicio. Si queremos empezar negocios exitosos, tenemos que estar  abiertos a la incertidumbre y el fracaso. Si queremos viajar por largo tiempo tenemos  que lidiar con el hecho de estar separado de nuestros amigos y familia.

Un libro que habla de esto muy bien y que recomiendo es “The subtle art of not giving a fuck” de Mark Manson. En éste su autor defiende la idea de que la vida se trata de resolver problemas (o como mejor me gusta verlo, de desafíos), los cuales nunca terminan ya que la solución de uno es el inicio de otro.

Por ejemplo, decidir renunciar a un trabajo aburrido y monótono para viajar por el mundo solucionará el problema de ‘emoción’ pero traerá el problema de incertidumbre. Algunos optarán por planear un viaje al detalle pero eso significará perder flexibilidad y así sucesivamente.

De esta forma, a la hora de colocarte metas pregúntate no solo lo que quieres pero también sobre los desafíos que quieres resolver, los sacrificios a los que estás dispuesto a pasar… el esfuerzo que tienes que hacer.

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Espero te haya gustado, puedes leer mi repaso de fin de año y nuevas metas para el 2017 en la siguiente entrada.

 

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