La ciencia detrás de la importancia de creer en algo y en nosotros mismos

“Inevitablemente habrán tiempos cuando debes tratar nuevas ideas, liberar conocimiento y tomar nueva información. Sin embargo, es crítico integrar esta nueva información en  una manera que no viole quienes somos.

Cuando nos alejamos de nuestra ‘voz natural’ nos quedamos sin centro de gravedad que nos balancee mientras navegamos los incontables obstáculos en el camino. Músculo y mente necesitan fuerza para crecer pero si estiras mucho, se romperán.” – Joshua Waitzkin

Existen momentos de nuestra vida en la que empezamos a cuestionar nuestro entorno y a nosotros mismos.

Por accidente o por iniciativa nos damos cuenta que estamos equivocados.

Nos pasa cuando viajamos; cuando conocemos personas con creencias y costumbres diferentes; cuando alcanzamos algo que queríamos; y cuando experimentamos cualquier otra cosa que nos abra la mente: cuando leemos y escuchamos.

Nos llenamos de incertidumbre y nos preguntamos cosas como “¿Qué es lo que estoy haciendo?” y “¿cuál es el punto de todo esto?”.

Entre más pensamos en estas preguntas, más nos confundimos y entre más confundidos nos sentimos, más son los pensamientos negativos que tenemos. Nos damos duro a nosotros mismos… nos auto-saboteamos.

Por ello es importante que fortalezcamos creencias bases que nos ayuden a afrontar las dificultades y nos permitan continuar aprendiendo, aun cuando nos demos cuenta que nos hemos equivocado.

La importancia de creer

Según la historia

la importancia de creer

“Creemos en un orden particular no porque sea objetivamente cierto, sino porque creer en él nos permite cooperar de manera efectiva y forjar una sociedad.”Yuval Harari

Desde la perspectiva histórica, Yuval Harari argumenta que la creencia en una red de narraciones junto con nuestra capacidad de creación y transmisión de estos relatos fue lo que nos permitió como especie gobernar la tierra.

Según él, desde la revolución cognitiva aumentó nuestra capacidad de transmitir mayores cantidades de información.

  • Dar más detalle acerca del mundo que los rodeaba, le ayudó a nuestros antepasados -los homo sapiens- a planificar y ejecutar acciones complejas (como evitar a los leones y cazar bisontes).
  • Compartir mayor información acerca de las relaciones sociales hizo posible que los sapiens confiaran en los demás, se organizaran en grupos mayores y más cohesivos.
  • Y finalmente nuestra capacidad única de transmitir información acerca de entidades imaginadas (como mitos, leyendas, dioses, leyes, estados y dinero) fue y es lo que nos permite cooperar entre un número muy grande de extraños.

Para bien o para mal esta es la forma en que ha sido posible extender nuestro legado por generaciones: creemos, creamos, transmitimos, convencemos y cooperamos.

Según la neurociencia

la importancia de creer

“Somos animales biológicos cuyas experiencias consientes son moldeadas en todos los niveles por los mecanismos biológicos que nos mantienen con vida. Cuando abrimos los ojos parece que miramos la realidad como es pero de hecho vemos la realidad que creamos en una fracción de segundo.” – Donald Hoffman

Neurocientíficos cognitivos han concluido en las últimas décadas que no solo percibimos pasivamente el mundo, sino que activamente lo generamos. Experimentamos lo que nuestro cerebro cree o lo que es lo mismo: nuestro cerebro visual es un motor de la realidad.

En su famosa TED Talk, el neurocientífico Anil Seth explica que lo que conscientemente experimentamos es el resultado de las expectativas construidas en las profundidades del circuito de la corteza visual.

Nuestro cerebro colecciona información que luego usa para proyectar sensaciones con las señales que recibe. Es decir que sentimos ante un determinado estimulo por la forma en que nuestro cerebro cree en eso a lo que está siendo expuesto.

De esta forma, nuestra percepción no depende solamente de señales entrando al cerebro desde el exterior, sino que también (y tal vez en mayor medida) de predicciones perceptivas desde el interior.

Por lo tanto nuestra percepción no nos describe la realidad tal cuál es. En cambio, como lo asegura el neorocientífico Donald Hoffman, nuestro cerebro proyecta algo agradable que nos incentiva a hacer lo necesario para continuar existiendo como especie.

De hecho, estudios confirman que incluso las experiencias de lo que es nuestro cuerpo son un tipo de adivinanza del cerebro. No solo experimentamos nuestros cuerpos como objetos en el mundo desde el exterior, sino también desde el interior.

Estas señales sensoriales que llegan desde adentro del cuerpo, están continuamente diciéndole al cerebro acerca del estado de nuestros órganos internos y son lo que nos mantiene con vida.

 “Si la alucinación es un tipo de percepción descontrolada, entonces la conciencia es un tipo de alucinación controlada: en la cual las predicciones del cerebro están siendo controladas por información sensorial del mundo.

Nuestras experiencias del mundo y de nosotros en él son tipos de alucinaciones controladas que han sido formadas sobre millones de años de evolución para mantenernos vivos en un mundo lleno de oportunidades y peligros. Nosotros mismos nos predecimos hacia la existencia.” –  Anil Seth

Según la psicología clínica

la importancia de creer

La doctora Alia Crum define mentalidad como el lente o el marco a través del cual se percibe, organiza e interpreta la información que orienta a un individuo a un conjunto de asociaciones y expectativas.

Sus estudios en cómo los cambios en la mentalidad subjetiva pueden alterar la realidad objetiva a través de mecanismos conductuales, psicológicos y fisiológicos, la han hecho merecedora de varios reconocimientos incluido el premio de Nuevo Innovador por el NIH.

En su charla TED, Crum menciona 4 de sus experimentos que demuestran el poder de nuestra mentalidad en campos como la medicina, el ejercicio, la dieta y el estrés.

Ejemplo

En uno de los experimentos se seleccionaron dos grupos de empleados de una multinacional que pasaba por una restructuración (mucha tensión). Los grupos fueron inicialmente evaluados en términos de desempeño, satisfacción laboral y salud general, entre otros factores.

Luego, a cada grupo se le mostró un video diferente sobre los efectos del estrés. El grupo A vio un video con los efectos negativos del estrés para  la salud y el grupo B un video con los beneficios que el estrés puede traer al alcance de objetivos.

la importancia de creer

Luego de un determinado periodo, ambos grupos volvieron a ser evaluados en las mismas categorías.

Sorprendentemente el grupo de empleados B,  que había sido expuesto al video de los beneficios del estrés, registró mejor desempeño, mayor satisfacción laboral y mejores condiciones de salud que en la prueba inicial.

Por otro lado, el grupo de empleados A registró peores marcas que los de la primera evaluación.

Los fascinantes resultados de este y de los demás experimentos nos enseñan que el azúcar, el trabajo y el estrés -como muchas de las otras cosas inciertas de la vida- pueden ser vistos como algo bueno o como algo malo.

Y que las creencias a las que estemos expuestos (que escojamos o que nos enseñen) tienen un gran impacto no sólo en nuestro comportamiento sino también en la forma en que nuestro cuerpo y nuestra mente reaccionan, es decir, nuestra salud y bienestar.

Para la Dra. Crum el efecto placebo es una demostración poderosa, robusta y consistente de la habilidad de nuestra mentalidad para adquirir propiedades curativas en el cuerpo.

Lo anterior sin referirse a que las enfermedades sean una creación de la mente o que el cáncer se pueda curar “pensando” en la recuperación. Existe una línea muy delgada difícil de ver pero que está ahí.

“Lo que hacemos importa pero el efecto psicológico y fisiológico de cualquier cosa en nuestra vida puede y es influenciado  por nuestra mentalidad. Tal vez el poder de nuestra mente no sea ilimitado pero podemos reconsiderar dónde esos límites están verdaderamente. La tarea es empezar a reclamar ese poder para nosotros.” – Dra. Alia Crum

Nuestras creencias también nos definen

la importancia de creer

La historia, la neurociencia y la psicología demuestran que creer es base de nuestra existencia. Creer nos permite desarrollarnos, vivir y recuperarnos.

Si bien es cierto que cuestionarnos nos abre a un mundo de posibilidades, cuando dejamos de creer (en algo y en nosotros mismos) perdemos el norte y el sentido de continuar.

Ya sabemos que estamos equivocados, pero podemos escoger si nuestros sesgos construyen o destruyen. Por ello, hoy mi invitación es a que adoptemos creencias que nos beneficien.

Algunos ejemplos son cosas tan simples como ver al aprendizaje y el talento como algo cambiante en el tiempo que requiere esfuerzo; o ver el envejecimiento como un proceso en el que ganamos sabiduría; creer que podemos, que funcionará y que valdrá la pena.

Saber lo que queremos y por qué lo queremos debe estar acompañado de pensamientos y hábitos que nos ayuden a alcanzar nuestros objetivos.

Estamos juntos en esto: cree, actúa e inspira.

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Y tú ¿en qué crees?

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