Lo que aprendí en un intento fallido de un viaje a dedo

viajar a dedo

Desde que empecé esta aventura me había propuesto unos objetivos o unas cosas a realizar. Una de ellas era hacer por primera vez autostop, más conocido como “viajar a dedo”.

Como tengo planeado viajar por largo tiempo, quería probar alguna de las formas que otros viajeros usan para ahorrar dinero e interactuar con los locales. Un experimento para medir mis capacidades y conocer nuevas facetas de mi personalidad.

Si ya me han venido leyendo saben que no soy ningún mochilero, al contrario,  he viajando cómodamente con becas y con el dinero ahorrado de trabajos anteriores.

***

El 15 de Noviembre salí de Nápoles en Italia a Vlore en Albania, país que según había leído es perfecto para hacer autostop, pues se estiman tiempos de espera promedio de 5 minutos. Amigos míos ya lo habían hecho, entonces no le vi mucho misterio al asunto.

La poca información que leí (en el ferri mientras que llegaba a Albania) básicamente decía “para, sonríe y extiende la mano”. No podía ser más fácil!… si claro.

La verdad es que me morí de la pena. Tuvieron que pasar casi 2 horas para que levantara el brazo, y creo que si no fue porque empezó a llover, yo hubiera seguido caminando.  Pero al final sí que se sintió liberador.

Poder darme cuenta que mis inseguridades no tenían fundamento. Levantar la mano para pedir un favor no me hacía mejor o peor persona. O tal vez era el simple hecho de sentir algo que quería experimentar.  Al estilo de la película ‘Dentro de rutas salvajes’, me sentía como un puro aventurero con mi sombrero paisa.

No podía dejar de sonreír… paciencia. Pasaron otras 2 horas y los únicos dos carros que pararon fueron taxis que continuaban manejando después de que les decía “Ska Lek” (sin dinero en albanes).

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En las montañas de Dukat, Albania

Llámame loco pero a pesar de mi cansancio estaba bien… de verdad que me sorprendía mi actitud. “Tu escogiste estar acá, es tu elección” me decía a mí mismo… y además el paisaje era de locos. Amargarme hubiera sido una verdadera perdida de energía.

Cuando uno viaja con otras personas se puede quejar hasta más no poder porque hay alguien ahí que lo ‘apechuche’ y que le levante el ánimo. Pero cuando estas solo eres tú contra ti mismo. Te das cuenta que tú eres tu mejor amigo o tu peor enemigo.

Seguía esperando. La respuesta de los carros era la misma: movían su dedo índice de un lado a otro y luego con el mismo dedo señalaban hacia abajo indicando que ya habían llegado a su destino, es decir que no me podían llevar.

Enfrentar el rechazo no es más que aprender a escuchar NO… “Sera que me veo muy loco? O será el sombrero que intimida? O será porque no tengo letrero?” fueron cosas que me pregunté.

Estaba haciendo lo que había investigado y por eso no entendía lo que pasaba. Me paré en una calle donde los carros iban despacio y  podían frenar, era de día y mi sonrisa no podía ser más obvia de que no hacía daño. A lo mejor no estaba convencido y se me notaba.

Sea cual sea el motivo hay que estar preparado a escuchar el NO. Así como cuando le rechazan a uno la invitada a bailar o en las pruebas de selección le dicen a uno “muchas gracias por participar…”, no es el fin del mundo, la vida sigue.

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En la ruta

Para mi fortuna, luego de casi 4 horas de haber deambulando pasó un bus. Le pagué menos de 3 euros y llegué a Orikum, un pueblo de esos de gente alegre y trabajadora.

Allá esperé otras dos horas mientras que hacia intentos de auto stop pero al final resulté tomando otro bus. Aparentemente la ruta que había escogido es una ruta poco transitada en esta época del año y los buses de largos trayectos (como el que debía hacer) no son muy frecuentes.

Ya había decidido que dejaría de hacer autostop y pagaría lo poco que me cobraban para moverme de pueblito en pueblito.

De Orikum llegué a Dukat y de allá a Himare donde me tocó pasar una noche. Después de las 4 de la tarde nada sale o entra de ese pueblo.  A la mañana siguiente madrugué para tomar el último bus de mi recorrido. Llegué a Sarandá a las 10am del día siguiente, 25 horas después de haber llegado a Albania.

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La vista desde el que fue mi cuarto por 1 mes en Saranda, Albania

Según Google maps lo que yo hice es un recorrido que se puede hacer en 3 horas en carro… sí, me gasté casi 10 veces más de lo que hubiera gastado si hubiera decidido pagar un bus desde el principio. Pero no era cuestión de tiempo, ni tampoco de dinero, se trataba de autoconocimiento.

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Tonto, arriesgado o quizás insensato pensarán… pero  no me iba a quedar sin saberlo. Me di cuenta de lo fuerte que puedo llegar a ser, lo paciente y motivador. De igual forma, conocí mi faceta testaruda y desconfiada.

Entender de qué estamos hechos muchas veces significa colocarnos en entornos nuevos y situaciones de reto.

Y algunas veces puede que estos no salgan como esperamos o resulten muy diferentes a como los idealizabamos… ¿y sabes que? está bien!

La vida tiene subidas y bajadas y lo mejor que podemos hacer es prepararnos a sobrellevarlas. Ojo! no estoy diciendo que los problemas sean fáciles de enfrentar o que no generen emociones negativas, sino que su existencia es necesaria y por ende debemos aceptarlos.

La prueba y error no solo aumenta nuestro conocimiento sino que nos prepara para próximos acontecimientos en este viaje tan maravilloso que es la vida.

¿Y tú también te estas colocando a prueba?

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