Por qué decidí dejar los trabajos de oficina para servir como voluntario alrededor del mundo

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A los 10-12 años los niños normalmente dicen que quieren ser policías, astronautas o bomberos. Yo por el contrario, decía que quería ser el hombre más rico del mundo. viajar como voluntario.

Aseguraría que mi inocente visión, entre muchas cosas, estaba motivada por los capítulos del Tío Mc Pato, un programa de dibujos animados que me gustaba mucho. Se trataba de las travesuras y aventuras de tres patitos que eran posibles gracias a la fortuna de su tío.

Así crecí,  como muchos otros niños, pensando que el dinero me compraría felicidad. Lo natural que podría pasar, si le sumamos a eso mi personalidad ‘organizado compulsivo’, era que desde muy joven me visualizara como un gran ejecutivo  y encaminara mi vida a cumplir esta meta.dejar de trabajar para viajar

Abandoné mis hobbies porque pensaba que “de eso no iba a vivir” y me enfoqué académicamente en obtener buenas calificaciones porque me habían dicho que así iba a conseguir lo que quería.

Tenía mi vida tan planeada antes de los 15 años, que hacer familia y ser padre también estaba en mis metas futuras. Buscar el amor de mi vida era necesario.

Pensaba hasta en casarme a los 23 años exactamente (no más, no menos), como mi papá, porque quería que mis hijos disfrutaran de un padre joven, tal y como yo lo había hecho con el mío.

Ahora que lo pienso me da gracia, ¿cómo puede ser que desde tan joven  yo ya tuviera planificada mi vida de esa manera? “Maduré más rápido que los demás” me decía a mí mismo convencido de mis decisiones de vivir como el adulto que no era.

Estaba en función de futuro, perdiéndome de alguna forma del ahora. A los doce quería tener 15 para graduarme rápido del colegio, a los 15 quería tener 18 para salir de rumba  y a los 18 quería tener 23 para empezar  a trabajar y hacer plata.dejar de trabajar para viajar

Trabajos que no

No fue tan malo después de todo. Pues, mi determinación a tener una vida “exitosa” me trajo otras cosas positivas, entre ellas, el darme cuenta que la vida que estaba persiguiendo no era lo que en realidad quería y me llenaba. Sí, muy confuso… pero prácticamente, entre más yo me quería convertir en ese alto ejecutivo, más me daba cuenta de que no era para mí:

1. Trabajos que enferman

Después de estudiar en Londres y en Corea del Sur, pensé que era hora de empezar la vida que había planeado. Conseguí hacer mi práctica profesional en mercadeo con la multinacional tabacalera líder mundial. Un trabajo muy interesante para ser mi primer gran empleo, con muchos retos pero con mucho estrés.

Sabía que el mercadeo me gustaba pero me di cuenta que no quería terminar como mi jefe… trabajando todos los días hasta las 8 de la noche, con afán constante y estresado por pequeñeces.

Con  personalidades completamente diferentes, mi jefe y yo no nos la llevamos muy bien. No pude seguir con la presión y a la velocidad que ella requería.

2. Con dinero pero sin tiempo ni energia

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Terminé mi práctica, y empecé a trabajar con una distribuidora de bebidas alcohólicas.

Si antes no tenía tiempo, ahora peor!. Manejaba todas las actividades de promoción en la región incluyendo las alianzas con bares y discotecas, al igual que conciertos.

Lo conseguí porque quería trabajar en ese ambiente de fiestas y tener contacto con ‘gente importante’. Pero rápidamente me di cuenta que esto significaba renunciar a mi vida personal y social.

Trabajando tiempo completo y miércoles a sábados hasta las 2 de la mañana, dejé de salir con mis amigos e ir a las reuniones familiares. Vivía como un zombi, con plata pero sin tiempo para disfrutarla.

Por otro lado, estaba harto de mi jefe y de la forma en que se manejaban las decisiones en la empresa. “Usted hace lo que yo digo porque para eso le pago” fue lo último que me dijo antes renunciarle públicamente.

3. Los no tan perfectos

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Luego, llegué becado a Dinamarca y conseguí una práctica en la empresa líder mundial del tratamiento de diabetes.

Esta vez era todo lo contrario: Trabajaba de 9am a 3:30pm, mi jefe era súper relajado y la empresa ofrecía grandes beneficios. Sin embargo, el problema era que tenía un trabajo aburridísimo!!… al frente de un computador todo el día, sin interactuar con nadie y sin responsabilidades de gran impacto.

Trabajar en la casa matriz de una multinacional que factura más de 16 billones de dólares al año, significa ser un pequeño eslabón más. Presentaciones de PowerPoint y tablas en Microsoft Excel eran mis tareas diarias.

Mis compañeros de trabajo estaban bien con eso: trabajar en algo que no los llena y les da el dinero que necesitan para continuar con su vida rutinaria… pero yo no.

Un gran vacío

Lo había logrado todo: estaba viviendo en el país con mejor calidad de vida, tenía un empleo con la empresa más admirada y un futuro que muchos verían como ‘prometedor’.  Pero aun así, tenía un gran vacío en mi corazón, sentía que no tenía nada…

La poca motivación resultaba en bajo rendimiento y yo pensaba que no sabía nada, pero en realidad, al igual que los demás, si soy bueno en unas cosas; el problema era que con mi trabajo no las podía aplicar. Me limitaba física y mentalmente.

No soy de los de estar sentado todo el día frente al computador, ni lo hago bien. ¿Para qué soy bueno y qué me gusta hacer?¿Qué quiero aprender y porqué quiero ser recordado?¿Cómo puedo hacer del mundo un mejor lugar? Fueron algunas de las preguntas que me hacía y respondía en un cuaderno.

La decisión: Una vida con propósito

Ya lo había probado todo: trabajos interesantes pero estresantes que enferman; trabajos buen pagos pero que consumen todo nuestro tiempo y energía; y  trabajos con varios beneficios pero que nos matan del aburrimiento.

dejar de trabajar para viajarLa vida es muy corta para hacer lo que no nos gusta. Un amigo me recomendó Work Away y como parte de esa reflexión que hacia conmigo mismo,  investigué y encontré en esta plataforma la mejor forma para retarme a mí mismo y demostrarme que existen otras formas de vivir con mayor sentido y propósito.

No quiero ser ese ejecutivo con traje y corbata, que sigue horarios laborales, hace lo que le dicen y se devuelve a su casa a ver televisión, se emborracha los fines de semana para desinhibirse y se va un mes de vacaciones para luego preocuparse por el trabajo que tiene que adelantar pero que no lo llena.

Hay un mundo por descubrir, habilidades por desarrollar y otras formas de crear valor para los demás mientras que nos cultivamos nosotros mismos.  No espero que todos me entiendan, pues estoy seguro que mi forma de pensar es el resultado de las experiencias que he tenido y me han demostrado que esto es lo que debo hacer.

Lo que sí espero, es que los que están leyendo esto, tomen un momento para pensar en lo que están haciendo. Sigan haciéndolo si los hace felices o lo cambien por lo que en realidad quieren.

Y tú ¿qué quieres hacer? Tus comentarios son bienvenidos 🙂

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Los detalles y resultados de este viaje como voluntario aquí.

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