Cuando te dan ganas y encuentras la manera de ayudar

A Sandra la conocí en Vietnam, en la misma escuela en la que enseñaba inglés. Ella es una francesa que se enamoró de Nepal y que decidió empezar un proyecto que le nació del corazón para ayudar a comunidades pobres de ese país.

La entrevisté porque su motivación es contagiosa y para entender como lo hizo posible.

La satisfación de ayudar

“Sentía el deber de ir a Nepal” me contó. No hubo más razones.

Fue así que llegó por un Work Away a un orfanato donde su tarea principal era jugar y cuidar a los niños. Fútbol y criquet era de las cosas que más disfrutaba.

Las temperaturas superaban los 40 grados centígrados y más de 80% de humedad, todo esto sin aire acondicionado ni ventiladores. “No había agua en la casa, teníamos que lavar la ropa a mano y lavar los platos en una fuente en el jardín” me cuenta.

Y aunque el estilo de vida y las condiciones no eran las mismas a las que estaba acostumbrada, la experiencia le encantó y se quedó un mes.

Luego viajó a Pokhara, donde había conocido a Salendra, un Nepalí que tenía un campamento de rafting, donde se alojó por otro mes. Allí presenció algo que la marcaría por completo.

Entregando donaciones en la escuela

Salendra tenía la costumbre de anualmente donar algo a su comunidad. Esta vez había comprado útiles para la escuela a la que solía atender.

Se embarcaron en un viaje a pie que les tomo 3 horas en las montañas. Una tarea físicamente dura para ella pero también psicológica por la pobreza a la que estaba expuesta.

Al llegar conoció las circunstancias por la que los niños debían pasar para acceder a la educación y se conmovió. -Eventualmente muchos de ellos abandonan los estudios cuando cumplen 12 años porque entre otras razones “les queda muy lejos de casa”.

Al entregar los regalos que su amigo había comprado, Sandra se llenó de mucha satisfacción.

“Él no tiene mucho pero lo que tiene lo comparte. Entendí que lo que es poco para uno significa bastante para otros. Fue muy emocionante y me di cuenta que quería hacer algo similar. No sabía cómo o cuando pero sentí querer hacerlo” continúa.

Probablemente por el tipo de viaje que hacía como voluntaria a través de Work Away (en el que como he explicado en otros artículos uno se ahorra muchos gastos) y la amabilidad de los locales, Sandra sentía que recibía más de lo que daba y eso la entusiasmaba a retribuir su agradecimiento.

Encontrar la forma de hacerlo

Sandra y Claire llegando a la aldea con sus donaciones

“Cuando terminé mi viaje y regresé a Francia todavía tenía el proyecto en mi mente. Un día me levante y decidí hacer algo al respecto” me cuenta entusiasmada.

Su idea inicial era coleccionar ropa y muebles para  enviar a los niños que conoció en Nepal (los del orfanato y los de la escuela). Sin embargo, luego de investigar, se enteró que era costoso y al mismo tiempo quería regresar.

El plan era ahora viajar con todo lo que coleccionara.

Colocó un aviso en el trabajo y empezó a hablar de ello con sus amigos.

Sus colegas la apoyaron y donaron más de lo que ella esperaba. La gente recibió tan bien la iniciativa que a Sandra se le ocurrió empezar a recibir dinero para comprar otro tipo de cosas como computadores, pues en la escuela que visitó había un solo computador para  100 estudiantes.

Abrió una cuenta en Leetchy para recibir las donaciones a través de transacciones electrónicas y creó una página en Facebook en la que documentaba el proyecto.

“Estaba creciendo y yo quería hacer esto muy bien pues ahora además de buenas intenciones también trataba con dinero de otras personas”. De esta forma investigó y creó formalmente una asociación de caridad para legalizar el proyecto.

El 27 de Noviembre de 2016 viajó de Francia a Nepal junto a Claire, una compañera del trabajo que se había animado con el proyecto. Llevaron más de 72 kilos de ropa y juguetes, al igual que alrededor de 1.500 euros que usaron para la compra de computadores y otros implementos.

Sandra regalando sonrisas

El resto de donaciones (8 cajas más y 4 bolsas grandes), que no pudieron ser entregadas por las limitaciones de equipaje de los aeropuertos, fueron ofrecidas a otra asociación de caridad para enviarlas a Haití.

Si hay algo que aprendí luego de hablar con Sandra es que cuando se quiere ayudar se puede hacerlo. Tal vez no acabaremos la pobreza, ni la desigualdad pero si pequeñas realidades alrededor nuestro.

***

Mil gracias a Sandra por compartir su historia con nosotros. Si quieres saber más de su proyecto, puedes mandarle un mensaje a través de su página en Facebook Lovely Nepal.

Cuéntanos acá abajito si también has tenido esa inexplicable sensación de satisfacción por ayudar a los demás o si tienes algún plan en mente 🙂

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