Cuando las calificaciones no te preparan para la vida real

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No sé tú, pero en la universidad como en el colegio las calificaciones era todo lo que importaba. Y puede que por un lado entienda la necesidad de las instituciones en medir el desempeño de sus estudiantes y la enseñanza, pero es muy claro como esto también desencadena una pérdida del gusto por aprender y un choque cuando nos enfrentamos al mundo real. Las calificaciones no

Los profesores y las instituciones son evaluados de acuerdo al desempeño de sus estudiantes en pruebas académicas y como la reputación está en juego, la enseñanza se limita a prepararnos en la solución de estos exámenes.

Es tanto así, que en el caso de Colombia podemos llegar a tener 3 exámenes en un semestre de estudios para cada una de las materias que tomamos: primer parcial, segundo parcial y examen final. Pasamos la mayoría del tiempo preparándonos para resolver pruebas en vez de absorber nuevo conocimiento.

Los profesores incentivan la participación y la asistencia con frases como: “Lo que trabajemos la próxima clase saldrá en el examen” o “los que participen obtendrán medio punto que sumará en los resultados del examen final”.

Vamos a clase para tomar nota de lo que dice el profesor y nada de cuestionarle sus ideas porque mejor dicho!. Recordamos lo que nuestros padres nos dijeron acerca de llevar a los profes ‘en la buena’, pues por experiencia entienden que ellos pueden afectar nuestras calificaciones.

De esta forma, nos enfocamos en memorizar y dejamos de cuestionarnos sobre la información que recibimos. En otros casos, puede que hasta generemos una especie de miedo por esas figuras de autoridad.

Si bien esto no le sucede a todo el mundo, aun los que sobrevivimos el sistema nos estrellamos cuando la vida real nos coloca a prueba: llegan diferentes momentos de nuestras vidas en que nos toca pensar por nosotros mismos… algo a lo que no estamos acostumbrados.

Primer choque: enfrentado la vida laboral

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En el colegio. Año 2008

Yo era de los que entendía el sistema: caerle bien a los profes, memorizar para el examen y hacer siempre lo que esperaban de mí. En el colegio obtenía buenas calificaciones y distintos reconocimientos académicos y disciplinarios.

En la universidad no fue distinto, aunque hubo momentos en los que me enfrenté a las figuras de autoridad, entendí el poder que tenían y resultaba agachando la cabeza y trabajando más fuerte para que una ‘disputa’ no afectará mis calificaciones.

Para finalizar mis estudios de pregrado, en el último semestre tuve la oportunidad de escoger entre tesis de grado o práctica profesional, lo cual no fue una decisión difícil pues lo que más quería era aplicar los conocimientos que creía tener y empezar mi carrera profesional de una vez por todas.

El buen desempeño que había obtenido en la universidad (promedio ponderado de 4,2 sobre 5) me sirvió para clasificar en el proceso de selección en diferentes multinacionales –que generalmente pedían un mínimo de 3,7.

Luego, en los procesos de selección -que generalmente consistían en más de 4 etapas (escaneo de perfil, pruebas psicotécnicas, problema de grupo/caso de estudio y entrevistas)- pude sobresalir llegando a las últimas etapas en empresas como: Novartis, L’Oreal, Chevrolet y Philip Morris International. Esta última me ofreció la posición de asistente de marca.

Empecé con toda la motivación que un primíparo puede tener. Hacía lo que me pedían y ofrecía mi ayuda cada vez que veía la oportunidad. Me quedaba hasta tardes horas de la noche para colaborarle a mi jefe con lo que necesitase y trataba de ayudar a mis compañeros de trabajo con lo que me pedían.

Rápidamente fui dándome cuenta como el tiempo no me alcanzaba y a pesar que sentía que estaba dando lo mejor de mí, mis resultados mostraban todo lo contrario.

Falta de iniciativa, análisis y priorización eran cosas que mi jefe me manifestaba debía mejorar… o lo que es lo mismo: a pensar por mí mismo!

Enfrentar el mundo laboral me mostró que en la vida real los problemas muchas veces no son específicos sino abstractos, que no puedo esperar que me den todo masticadito y que debo hacer mi propio juicio acerca de la información que recibo.

Pude tener buenas notas en el colegio y la universidad, pero me hizo falta desarrollar otras habilidades más importantes… y lo peor fue que faltarían muchos intentos más de trabajo como empleado para darme cuenta de eso.

Sengundo choque: tesis de grado

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En Tailandia con Sam, mi mejor amigo y un mexican que conocimos en el hostal. (Dec 2015)

Si bien durante mi pregrado pude escapar el escribir la tesis, durante mis estudios de maestría esto fue un requisito para poder terminar.

Aunque desde que había aplicado a la beca del gobierno danés sabía que me tocaría escribir tesis de grado, cuando me tocó hacerlo fue inevitable preguntarme “¿Por qué?”.

Tenía todo mi último semestre para enfocarme solamente en la tesis, sin otros cursos ni prácticas. Todo el tiempo para hacer una investigación que aportase algo a mi área de estudio.

“¿Aportar?”. Había dedicado alrededor de 15 años de mi vida a memorizar y responder como mis superiores querían y ahora me tocaba “aportar”.

A parte de no sentirme preparado, me sentí impotente al verme obligado a escribir algo que desde mi punto de vista no era necesario, pues veía la tesis como un papel que se quedaría archivado, algo que me quitaría mi tiempo y no aportaría nada a mis alrededores ni a mí mismo.

Lo sé, suena muy emo.

Como parte de la crisis existencial que me había llegado a mis 24 años había decidido que lo mejor era no terminar la tesis y hacer algo de mayor valor con mi tiempo (como empezar este blog y viajar como voluntario).

Eso era tomar el camino fácil para acabar de una vez por todas con el sentimiento de insatisfacción e inconformismo. Y así lo hice inicialmente. Me olvidé de la tesis, empecé a escribir y planeé mi viaje.

A pesar de que no debía asistir ninguna clase, el gobierno danés continuaría ofreciéndome la beca durante cada uno de los próximos seis meses. Como viajaría de voluntario a cambio de acomodación y comidas, acumularía el dinero que recibiría cada mes en forma de ahorros.

El plan perfecto… pero no. La verdad fue que el sentimiento de deberle algo a alguien no me dejaba tranquilo durante el viaje.

El gobierno danés había invertido más de 187.200 coronas danesas (alrededor de 27.000 USD) en darme la oportunidad de estudiar en su país y yo no podía irme sin cumplir mi parte del trato.

Sí, también pensé en lo cerca que estaba de obtener un título internacional (que muy seguramente me servirá en cualquier otro país del mundo) y en lo feliz que haría eso a mis padres… y al final, después de llevar dos meses y medio de viaje, pensé que lo mejor era cerrar ese ciclo, gústaseme o no.

Tal y como me lo recomendó mi amigo Sebastián en la entrevista que le hice antes de empezar esta aventura: lo mejor era continuar sin ningún tipo de deudas.

Cerrando un ciclo: escribiendo la tesis en Albania

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La vista desde mi cuarto en Albania

Pausé mi voluntariado en Nápoles y decidí alojarme durante un mes en Zaranda, Albania para hacer lo que debía. Pensaras que un mes no es suficiente para terminar una tesis pero yo conocía casos de personas que lo escribieron hasta en una semana.

Además, la nota no me importaba… todo lo que quería era terminar.

Pagué 150 euros en un hostal cerca al mar, con una vista impresionante y con desayuno incluido. Es un país demasiado barato. Y como era temporada baja, estuve solo la mayoría del tiempo, lo que me ayudaba a enfocarme en lo que debía.

No obstante, las dos primeras semanas no avancé nada. Como no tenía claro sobre qué escribir me dejé guiar por lo que mi supervisor quería pero eso me bloqueaba más porque era un tema en el que no creía.

Me pasó por la cabeza una vez más mandar todo al carajo pero decidí dejar la frustración a un lado para colocarme a escribir. A veces dejamos que un problema nos bloquee cuando todo lo que necesitamos es empezar.

De esta forma, paré lo que venía escribiendo lo que me pedía mi supervisor y me enfoqué en un tema que me gustase. Escribí varias ideas y luego pude ver una que podía relacionar con mis estudios de administración de empresas.

Resulté escribiendo sobre estrategias de posicionamiento en la blogosfera. Un tema que me interesa y que académicamente no se había investigado mucho.

Fueron dos semanas en las que investigaba y escribía de 9am a 5 pm. Para mi fortuna, cuando le conté a mi supervisor que cambiaría el tema y le mostré lo que había hecho, también le gustó mucho.

La tesis la terminé de escribir en Grecia, durante el voluntario que a pesar de las precarias condiciones me ofreció mucho tiempo libre. La entregué el 14 de Enero del 2017 y ahora desde Filipinas puedo decir que estoy tranquilo… he cumplido con mi parte y esta aventura debe continuar.

Muchas gracias por todo Dinamarca!

Si bien las calificaciones son importantes en nuestra sociedad, no deberíamos olvidarnos nunca de pensar por nosotros mismos. La vida real nos pide más que buenas notas.

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